EL PLACER DE LEER
Esta semana he acabado de leer la novela “Los cazadores de Mamuts”, el tercer volumen de la pentalogía “LOS HIJOS DE LA TIERRA”, obra de la novelista estadounidense Jean M. Auel. La pentalogía, ambientada en la europa del paleolítico durante la última glaciación, refleja el período en el que coexistieron dos razas de homínidos: los neardenthales y los cro-magnon (predecesores del homo sapiens moderno).

La novela está deliciosamente escrita, repleta de descripciones detalladas y minuciosas de la flora y fauna de la época, de las vestimentas, la organización social, las técnicas empleadas en la caza… todo visto a través de los ojos de los protagonistas Ayla y Jondalar, profundizando en su relación de cariño creciente a medida que se transforma en amor y las dificultades que aparecen entre ellos.
Sin embargo, pese a ser una obra brillante, no puede compararse, con los dos libros que le preceden (El Clan del Oso Cavernario y El Valle de los Caballos) que podrían considerarse como verdaderas maravillas de la literatura contemporánea, y los recomiendo encarecidamente.
ASÍ HABLÓ ZARATHUSTRA
Llevó algún tiempo leyendo a ratos sueltos ASÍ HABLÓ ZARATHUSTRA, de Nietzche, y la verdad es que no se parece a ningún ensayo que haya leído hasta la fecha. Es bastante denso, y en ocasiones cuesta entender de lo que realmente está hablando de no ser por el pie de página explicativo, ya que utiliza mucha referencias cruzadas a otros autores contemporáneos.
La asignatura de filosofía siempre fue una de mis preferidas en el Instituto, aunque la verdad es que tuve a profesores muy buenos, y eso también influye. En cualquier caso, creo que es una asignatura que ayuda a abrir la mente, especialmente en una época tan difícil como puede ser la adolescencia. En muchas reformas educativas han intentado suprimirla, relegarla a asignatura optativa, lo cual creo que seria un error. Aquí dejo el último pasaje que he leído:
…”Hermano mío, ¿quieres marchar a la soledad? ¿quieres buscar la senda que conduce a ti mismo? Deténte un poco, y escúchame.El que busca, con facilidad se pierde a sí mismo. Todo aislamiento es culpable, así habla el rebaño. Y tú has venido formando parte del rebaño durante mucho tiempo. La voz del rebaño retumba todavía en tus oídos. Y dices: yo ya no tengo la misma conciencia que vosotros, más esa palabras son queja y dolor.
Mira: aquella conciencia única engendró también ese dolor; y en tu aflicción brilla aún el último destello de esa conciencia.
Mas ¿quieres seguir la senda de tu aflicción, el camino que te conduce hacia ti mismo? ¡Muéstrame tu derecho y tus fuerzas para hacerlo! ¿Eres tú una nueva fuerza y un nuevo derecho? ¿un primer movimiento?, ¿una rueda que gira por sí misma? ¿puedes obligar a las estrellas a que giren a tu alrededor?
¡Ay, existe tanta ansia de elevarse! ¡Existen tantas convulsiones de codicia! ¡Muéstrame que no eres un ambicioso ni un codicioso!
¡Ay, existen tantos grandes pensamientos que hacen el oficio de fuelles: inflan y quedan más vacíos!
¿Te llamas libre? Quiero que me digas tu pensamiento dominante, y no simplemente qu has escapado de un determinado yugo. ¿Eres alguien con derecho a escapar de algún yugo? Pues no faltan quienes perdieron su último valor al escapar de su servidumbre.
¿Libre de qué? ¡Qué importa eso a Zarathustra! Tus ojos deben decirme claramente: libre ¿para qué?
¿Puedes fijar para ti mismo tu bien y tu mal, y suspender sobre ti tu voluntad propia, como una ley? ¿Puedes ser juez de ti mismo y vengador de tu ley? Terrible cosa es estar a solas con el juez y con el vengador de la propia ley. Así es arrojada una estrella al solidario espacio sideral y al soplo helado de la soledad.
Hoy te atormenta aún la muchedumbre, a ti, que eres un solo; hoy conservas aún tu valor y tus esperanzas. Más alguna vez la soledad te fatigará, alguna vez fallará tu orgullo y tu valor rechinará los dientes. Ese dia gritarás: ¡ESTOY SOLO!…”