LA IMPORTANCIA DE LOS PECHOS
Hace algún tiempo, Pedro Erquicia en DocumentosTV en TVE2, presentaba un reportaje acerca de la importancia de los pechos femeninos en nuestra sociedad. En aquella ocasión no pude verlo por completo, pero me resultó tan interesante que lo he buscado por Internet.
Los pechos han cambiado su función eminentemente reproductiva hacia una función cada vez más sexual, convirtiéndose en el referente de la feminidad en occidente. El prototipo de belleza femenina en los países occidentales es una mujer esbelta de grandes pechos. Este modelo no siempre ha sido así, sino que se ha impuesto en el siglo XXI, y de hecho no en todas partes.
En las sociedad más primitivas en las que las mujeres aún no han cubiertos sus mamas, su valor erótico es nulo, teniendo una función exclusivamente reproductiva para amamantar al recién nacido. Mientras que en Europa y Norteamerica se tiene una fijación obsesiva hacia las tetas y su tamaño, siendo la principal área femenina de deseo sexual; en otras partes del mundo, en otras culturas, eso no ocurre (o al menos no ocurría hasta hace poco, según el reportaje), en latinoamerica el objeto fetiche sexual femenino siempre ha sido el trasero mientras que en el sudeste asiático, por ejemplo, han sido los pies de la mujer.
En estudios realizados a hombres, la mayoría confesaba que lo primero en lo que se fijaban en una mujer era precisamente en sus atributos delanteros, y la parte del cuerpo que más les excitaba también era esa. La misma pregunta en las mujeres obtenía respuestas de lo más variopintas, pero muchas hacian referencia a rasgos faciales; en cuanto a la parte del cuerpo masculino que más les atraía, muchas hacian referencia a signos de fuerza y robustez como pecho musculoso, grandes brazos o espalda ancha.
El culto al cuerpo y en especial, el culto a los pechos, está llegando a un punto en el que los implantes mamarios es la cirugía plástica más realizada en nuestro país y los implantes de silicona para conseguir un talla más, están a la orden del día. En ocasiones, es la propia hija, de apenas 18 años, quien pide a sus padres como regalo de final de curso o regalo de cumpleaños, un aumento quirúrgico del tamaño de sus pechos. Escalofriante.
Lo más triste de todo, es que como se ha aceptado socialmente la importancia de los pechos, resulta que a una mujer le resulta más fácil triunfar en su vida diaria y profesional con una apariencia, digamos agradable o apetecible sexualmente, así que muchas mujeres no dudan en aprovechar esta arma para conseguir diferentes objetivos en la vida.
Se cierra así un círculo vicioso en el que por un lado, la presión social hacia los pechos perjudica a las mujeres alejadas del canon de mujer esbelta con pechos descomunales, al mismo tiempo que estas mujeres con un talla más reducida intentan por diferentes medios (plantillas, realces, cirugía) aparentar o tener más pecho del que tienen, convirtiéndose en víctimas y culpables de la moda sexual.
Entrevistaron a diferentes mujeres a las que se les ha tenido que extirpar uno o los dos pechos, parcial o totalmente, por cáncer de mama; y en algunos casos la depresión por perder estas glándulas ha sido brutal, y sobre todo, por la preocupación de aparecer en sociedad sin el relieve del pecho.
Analizando la cuestión detenidamente, creo que la importancia de los pechos en la sociedad puede deberse en buena medida a nuestra propia naturaleza. A pesar del alto de grado de razocinio y pensamiento lógico de la actualidad, gran parte de nuestros actos y decisiones vienen determinados en realidad por nuestros instintos más básicos: el de conservación de nosotros mismos y de la especie.
En términos reproductivos y de supervivencia de la especie, la capacidad de amamantar a la cria es de vital importancia. De hecho, la lactancia materna aporta todos los nutrientes necesarios para el desarrollo del recién nacido hasta los 6 meses de edad.
A lo largo de la evolución humana, especialmente en tiempos prehistóricos, las mujeres más deseadas eran las de grandes pechos, grandes caderas y con buena reserva grasa, pues de ese modo instintivamente aseguraban a la descendencia menos problemas durante la lactancia, menos problemas durante el parto (ya que las caderas anchas suelen tener mejor canal del parto) y buen aporte energético. Basta ver algunas figuras prehistóricas que han llegado hasta la actualidad, como la famosa venus de Willendorf. En un tiempo en el que la expectativa de vida era más bien corta y los riesgos del alumbramiento eran altos, había que asegurarse la mejor criadora posible y garantizar una descendencia viable.
De este modo, nuestros ancestros machos buscarían hembras capaces de perpetuar la especie, del mismo modo que nuestros ancestros hembras buscarían machos capaces de proteger a las crias, de ahí el estereotipo de hombre alto, esbelto, musculoso e incluso aguerrido.
A medida que el ser humano fue capaz de utilizar los recursos del medio ambiente que le rodeaba en su propio beneficio, fue cada vez menos necesario buscar una biología reproductiva óptima, pues las deficiencias corporales podían ser suplidas mediante ayuda externa, pasando al modelo de mujer de cintura estrecha de la actualidad, en la que se ha conservado la idea de los grandes pechos, no como órganos reproductivos, sino cobrando en su lugar un valor sexual.
Con el miembro viril ha ocurrido algo parecido a la evolución de los pechos. Inicialmente el tamaño era una cuestión de gran importancia (también existen todo tipo de representaciones en el arte prehistórico) pues al fin de al cabo, el pene no es más que un instrumento que permite introducir el semen lo más cerca posible del cuello uterino para favorecer la fecundación del óvulo, de tal modo que cuanto más profunda pueda ser la penetración y más cerca pueda quedarse el semen del orificio cervical del utero, mayores son también las posibilidades de concepción. Así pues su función era exclusivamente reproductiva.
Con el paso del tiempo y con las innovaciones en la sexualidad humana, se ha ido rebajando la importancia del pene, perdiendo su valor reproductivo y ganando al igual que en los pechos, un valor sexual: “lo importante no es el tamaño, sino lo que se hace con él”, se suele decir, pues gracias a las modernas técnicas de fecundación, los problemas de erección y penetración pueden ser suplidos mediante la ayuda de la tecnologia.
Otro mito sexual es la preferencia por las mujeres rubias de ojos azules. El color del vello, así como el de los ojos, depende de muchos factores, algunos no bien conocidos, pero uno de ellos es el nivel hormonal de estrógenos, y parece que las mujeres rubias de ojos azules poseen ciclos menstruales más regulares con niveles estrogénicos más altos, lo que las convierte en más fértiles. Quizá por ello, instintivamente también sean las más deseadas.
En fin, que la evolución humana es fascinante y sobre todo tiene una aplicación directa en la actualidad, pues muchos de nuestros comportamientos, aparentemente libres y voluntarios, en buena medida están condicionados por nuestros instintos, aunque intentemos racionalizarlo todo no podemos escapar a nuestra propia condicional animal.
