LA TERNURA DE LA INFANCIA

Enero 25, 2008 at 10:35 pm (CLASICOS DEL CINE)

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Había consagrado la tarde del día de hoy a ordenar los armarios y deshacerme de todo aquello que no me hiciese falta. Ya había vaciado por completo el último armario, cuando en el suelo en una repisa estaba al fondo un libro de cuentos que guardo desde que era pequeño. Pensé que lo había perdido hace tiempo, y encontrarlo allí ha sido toda una sorpresa. Ese libro tiene mucho valor sentimental para mí, pues me entusiasmaban los cuentos cuando era pequeño (y posiblemente me siguen entusiasmando ahora, que ya no yo soy tan pequeño). Recuerdo que me pasaba horas todas las noches leyendo una y otra vez los mismos cuentos de siempre, centrándome en las ilustraciones e imaginándome como protagonista de esas historias.

El libro estaba con un marcador de página, justo a mitad del cuento de EL MAGO DE OZ, y como si hubiese sido una señal, me apetecía leer de nuevo la historia. A continuación, he recuperado de Intenet la versión de Victor Fleming (1939) del Mago de Oz, un musical imperecedero que sigue considerado como una de las mejores películas de todos los tiempos. Tiene muchas canciones bonitas, pero sin lugar a dudas la mejor (y también más conocida) es la siguiente: 

 Somewhere over the rainbow
Way up high,
There’s a land that I heard of
Once in a lullaby.

Somewhere over the rainbow
Skies are blue,
And the dreams that you dare to dream
Really do come true.

Someday I’ll wish upon a star
And wake up where the clouds are far
Behind me.
Where troubles melt like lemon drops
Away above the chimney tops
That’s where you’ll find me.

Somewhere over the rainbow
Bluebirds fly.
Birds fly over the rainbow.
Why then, oh why can’t I?

If happy little bluebirds fly
Beyond the rainbow
Why, oh why can’t I?

Y es que a veces no apetece crecer, no apetece hacerse mayor. Seria estupendo poder conservar siempre la felicidad e ingenuidad de los niños… y no tener que preocuparse por ir a trabajar, por las retenciones de la nómina, por comprarse una vivienda o porque los padres ya empiecen a enfermar. En fin, me imagino que cada etapa de la vida tiene sus cosas buenas y malas, pero la etapa de emancipación familiar desde luego no es de las mejores.

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