LA TERNURA DE LA INFANCIA

Había consagrado la tarde del día de hoy a ordenar los armarios y deshacerme de todo aquello que no me hiciese falta. Ya había vaciado por completo el último armario, cuando en el suelo en una repisa estaba al fondo un libro de cuentos que guardo desde que era pequeño. Pensé que lo había perdido hace tiempo, y encontrarlo allí ha sido toda una sorpresa. Ese libro tiene mucho valor sentimental para mí, pues me entusiasmaban los cuentos cuando era pequeño (y posiblemente me siguen entusiasmando ahora, que ya no yo soy tan pequeño). Recuerdo que me pasaba horas todas las noches leyendo una y otra vez los mismos cuentos de siempre, centrándome en las ilustraciones e imaginándome como protagonista de esas historias.
El libro estaba con un marcador de página, justo a mitad del cuento de EL MAGO DE OZ, y como si hubiese sido una señal, me apetecía leer de nuevo la historia. A continuación, he recuperado de Intenet la versión de Victor Fleming (1939) del Mago de Oz, un musical imperecedero que sigue considerado como una de las mejores películas de todos los tiempos. Tiene muchas canciones bonitas, pero sin lugar a dudas la mejor (y también más conocida) es la siguiente:
Somewhere over the rainbow
Way up high,
There’s a land that I heard of
Once in a lullaby.
Somewhere over the rainbow
Skies are blue,
And the dreams that you dare to dream
Really do come true.
Someday I’ll wish upon a star
And wake up where the clouds are far
Behind me.
Where troubles melt like lemon drops
Away above the chimney tops
That’s where you’ll find me.
Somewhere over the rainbow
Bluebirds fly.
Birds fly over the rainbow.
Why then, oh why can’t I?
If happy little bluebirds fly
Beyond the rainbow
Why, oh why can’t I?
Y es que a veces no apetece crecer, no apetece hacerse mayor. Seria estupendo poder conservar siempre la felicidad e ingenuidad de los niños… y no tener que preocuparse por ir a trabajar, por las retenciones de la nómina, por comprarse una vivienda o porque los padres ya empiecen a enfermar. En fin, me imagino que cada etapa de la vida tiene sus cosas buenas y malas, pero la etapa de emancipación familiar desde luego no es de las mejores.
DON JUAN TENORIO
La semana pasada fui a ver en el Teatro Principal de Valencia la obra DON JUAN TENORIO, de la compañía L’OM-IMPREVIS, con una puesta en escena espectacular y un elenco de actores entre los más destacados de las artes escenográficas. “Don Juan Tenorio”, de José Zorilla, junto con “El Burlador de Sevilla”, de Tirso de Molina, son las dos versiones literarias españolas de la figura de Don Juan.

|
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor, |
|
que en esta apartada orilla |
|
más pura la luna brilla |
|
y se respira mejor? |
|
Esta aura que vaga llena |
|
de los sencillos olores |
|
de las campesinas flores |
|
que brota esa orilla amena; |
|
esa agua limpia y serena |
|
que atraviesa sin temor |
|
la barca del pescador |
|
que espera cantando el día, |
|
¿no es cierto, paloma mía, |
|
que están respirando amor? |
|
Esa armonía que el viento |
|
recoge entre esos millares |
|
de floridos olivares, |
|
que agita con manso aliento, |
|
ese dulcísimo acento |
|
con que trina el ruiseñor |
|
de sus copas morador |
|
llamando al cercano día, |
|
¿no es verdad, gacela mía, |
|
que están respirando amor? |
|
Y estas palabras que están |
|
filtrando insensiblemente |
|
tu corazón, ya pendiente |
|
de los labios de don Juan, |
|
y cuyas ideas van |
|
inflamando en su interior |
|
un fuego germinador |
|
no encendido todavía, |
|
¿no es verdad, estrella mía, |
|
que están respirando amor? |
|
Y esas dos líquidas perlas |
|
que se desprenden tranquilas |
|
de tus radiantes pupilas |
|
convidándome a beberlas, |
|
evaporarse a no verlas |
|
de sí mismas al calor, |
|
y ese encendido color |
|
que en tu semblante no había, |
|
¿no es verdad, hermosa mía, |
|
que están respirando amor? |
|
¡Oh! sí, bellísima Inés, |
|
espejo y luz de mis ojos; |
|
escucharme sin enojos |
|
como lo haces, amor es; |
|
mira aquí a tus plantas, pues, |
|
todo el altivo rigor |
|
de este corazón traidor |
|
que rendirse no creía, |
|
adorando, vida mía, |
|
la esclavitud de tu amor. |