VIDA Y MUERTE
¿Existe vida después de la muerte? Esta reflexión ha atormentado a la humanidad a lo largo de los siglos. Toda clase de eruditos, intelectuales y hombres-mujeres de ciencia han tratado de encontrar datos a favor/en contra de una vida más allá de la muerte, sin poder realmente argumentar sus opiniones lejos de convicciones religiosas o filosóficas.
Supongo que todo ser humano atraviesa en algún momento por un período trascendental de su vida en el que se realiza este tipo de cuestiones. Este periodo de introspección personal puede venir motivado por acontecimientos dramáticos, situaciones traumatizantes o por crecimiento y maduración personal.
En mi caso, esta reflexión capital viene propiciada por una vivencia personal reciente. No creo que haya vida después de la muerte, al menos no en el sentido de “vida” que adopta el término para nosotros. De hecho, hasta que el ser humano no cobró conciencia de su individualidad, a lo largo de la historia de la evolución humana, nuestros antepasados no recibieron ningún tipo de trato funerario siendo sus cadáveres abandonados. Todo ello cambió, todavia en los remotos tiempos prehistóricos hacia un trato funerario de respeto hacia el difunto y hacia los espíritus telúricos, pero lejos de la idea de la resurrección o de la vida eterna.
De hecho, aunque las religiones politeistas profetizaban la inmortalidad, la idea de la vida eterna o la resurrección ha sido implantada en nuestras mentes por las grandes religiones monoteistas. A mí me ha tocado crecer y conocer el cristianismo, en su vertiente católica.
Creo que ese deseo innato del ser humano por perdurar, por sobrevivir, por prolongar su existencia… parte de un profundo sentimiento de egocentrismo, pues nos negamos a reconocer que somos un ser vivo como cualquier otro, por insignificante que sea, y que como cualquier otro ser que habita este planeta, también tenemos una existencia finita. Nos cuesta aceptar la realidad de nuestra caducidad. Somo incapaces de asumir que aunque seamos más versátiles, más inteligentes y más habilidosos que cualquier otra criatura que jamás haya poblado la faz de la tierra, aún así nos espera el mismo funesto destino.
No es que queramos creer en una vida después de la muerte, es que necesitamos creer en ella, queremos que exista esa vida a toda costa. Más del 75% de la población mundial vive en situación precaria, por economias deficitarias, por guerras y conflictos bélicos, por desastres naturales… el grueso de la población mundial sufre a diario por sobrevivir, por conseguir llevarse algo de comer a la boca… toda esa gente que lleva una vida sacrificada, penosa y muy dura, necesita creer que a su muerte, tendrán algún tipo de recompensa, necesitan creer en la vida después de la muerte.
Desde occidente, ahogándonos en nuestra opulencia, les hemos inculcado esa idea, y no satisfechos con la idea de una vida después de la muerte, queremos que esa vida sea ETERNA, con la resurrección de la carne. El ser humano carece de la humildad para bajarse del peldaño al que él mismo se ha subido y reconocer que también es perecedero, y lo que es peor para su ego, completamente prescindible para el resto del universo.
Esta es la única vida que tenemos, la única que jamás tendremos y debemos atesorarla, cuidarla, mimarla, disfrutarla al máximo. Cada día puede ser nuestro último día, así que intentemos dar lo máximo de nosotros cada día, intentemos ser amables, comportarnos cívicamente y aprovechemos el tiempo, pues el reloj biológico no se detiene por nadie.
Así pues, NO, no creo en la vida después de la muerte. Sí que creo, y además estoy firmemente convencido, que a nuestra muerte, algo de nosotros pervive, aún por simple transmutación de la energia que disipa nuestro cadáver y que es absorbida y transformada a su alrededor. Después de todo… ¿no somos eso, simplemente energia?